
Resulta que un poco más adelante llegué a una sección de nieve que se veía como perfecta para deslizarme, pero lo del tiempo para los crampones me hizo decidir que intentaría hacer eso (glissading) en este pedacito, que no era muy largo, con los crampones puestos. En otro viaje había hecho esto, más por experimentar que por otra cosa. No me fue mal esa vez.
Pues me senté y sostuve mi pica de la manera correcta con mis manos. Paréntesis: Las picas de alpinismo son realmente llamadas ‘Hachas para Hielo’ en inglés. tienen en la parte de arriba lo que es la pica en sí, y una cosa que parece un cucharon (esto se llama ‘Azuela’). En la otra punta está el final de la barra principal de la pica, el ‘spike, que es lo que uno usa como freno cuando está haciendo lo del ‘glissading’. Para usar la pica como freno en una deslizada de estas, uno debe de sostener esta herramienta con la pica mirando en dirección opuesta a uno, con la azuela cerca al pecho de uno; la otra mano sostiene la parte baja de la barra, y es esa mano la que ejerce presión para frenar más, o menos.
El otro motivo por el cual se lleva la pica de esta manera es por si uno pierde el control, entonces no queda otra de hacer una maniobra que llaman en ingles ‘self-arrest’, o ‘auto arresto’. Cierro paréntesis.
Tan pronto me sentí a gusto con la pica levanté los talones de mis botas, que hasta ese instante tenían los garfios de los crampones enterrados en la nieve dándome estabilidad. Y pues, tan pronto levanté los talones, comenzó el deslizamiento y fue algo muy intempestivo. Inmediatamente intenté poner suavemente los talones en la nieve para controlar la velocidad. No funcionó. Traté de hacer más presión con mi pica. Nada. Clavé mis talones. Sentí que mi pie izquierdo se volteó de manera innatural. Conscientemente, ejecuté la acción de auto arresto, y me funcionó a la perfección. Pude detenerme a los pocos metros de haber comenzado el proceso.
Estaba sacudido emocionalmente por lo que había acabado de pasar. Emoción agridulce, porque por un lado, era claro el potencial de lo que pudo haber pasado; por otro lado, el haber tenido éxito en la ejecución de una maniobra muy crítica e importante para viajes como estos, pues me dio mucha satisfacción.
Una vez recuperé mi aliento normal, me puse de pie y fue muy reconfortante el poder mover mi pie izquierdo sin problema. El área del tobillo estaba sentida, sin duda, pero yo pensaba que si tuviera así fuera una muy leve fractura, pues no hubiera podido ni pararme.
Emprendí la continuación de mi descenso. En breve, la nieve se veía con buena contextura para intentar la deslizada de nuevo. Funcionó muy bien, pues me pude deslizar casi hasta mi carpa.
En uno de los pedacitos de esa última deslizada, de repente sentí un golpe muy fuerte en mi codo izquierdo y en parte de mi espalda, cerca de ese codo. Fue una bola de nieve del tamaño de una bola de bolos, aproximadamente. Esas cosas, cuando uno va bajando, pues no las ve, obvio, y no hacen mucha bulla, entonces tampoco las puede uno oír. Fue un golpe fuerte, pero no algo que me incapacitara. Seguí con mi deslizada todo lo que la nieve me lo permitió.
Creo que los últimos 100 metros, más o menos, los caminé hasta la carpa, pues era ya una sección plana.
Entré a la carpa y me recosté por 10 minutos a descansar un poco. Acomodándome para descansar, vi mis gafas de montañismo. Las había dejado en la carpa.
A las 2:35 de la tarde comencé el proceso de desarmar mi carpa y empacar el morral para el regreso al carro. Este proceso siempre toma casi una hora. Esta vez me tomó hora y 15 minutos. Inicié mi regreso al carro a las 3:50 de la tarde. Mis cálculos me decían que debería llegar al carro como a las 7 y 20. Ya estaría de noche, pero pues llevaba mi linterna, y no había problema con eso.
El comienzo fue genial porque pude deslizarme por la primera colina justo al pie de Helen Lake. Esa colina es la más empinada de todas. Con la experiencia miedosa de lo que me había pasado en la sección anterior, ni pensar en deslizarme con los crampones puestos. Lo hice con las botas sin nada, y funcionó a la perfección.
Eso fue lo bueno; lo malo fue que no pude deslizarme en ninguna de las otras laderas desde ese punto. Fue el morral, su tamaño, el llevar la espuma sobre la que duermo en el sleeping, en la parte baja del morral. Eso hacía que esa espuma hiciera efecto de freno. No servía que yo me inclinara hacia adelante, porque eso hacía que mis talones hicieran presión en la nieve. Entonces no se podía hacer lo de la deslizada. Acepté la realidad del momento, y me dispuse a bajar caminando el resto de la ruta.
Se hizo de noche cuando ya estaba en la zona de árboles. Ahí si estaba siguiendo huellas, que eran numerosas y bastante claras.
En un momento dado dudé que las huellas que estaba siguiendo eran las correctas. Afortunadamente, en esa zona si hay señal de celular muy buena. Saqué mi teléfono y miré en una aplicación de GPS adonde estaba en ese momento. Resulta que estaba a unos pocos pasos de la trocha principal, bastante cerca a la curva que lo lleva a uno al parqueadero.
Llegué a mi carro a las 7:15 de la noche, 5 minutos antes de lo que había calculado, y eso sin deslizarme por la gran mayoría de las laderas.
Mi pensamiento inicial, una vez en mi carro, era ir al pueblo a un restaurante a comer. Esa cuestión de la comida, pensaba yo que sería tiempo suficiente para descansar para la manejada de 5 horas que me esperaba. Sin embargo, una vez sentado en el restaurante recordé que yo estaba despierto desde las 2 y 15 de la mañana de ese día, más las 10 millas de caminata.
Pensé que sería irresponsable pensar manejar 5 horas después de este trajín, ya que una hora sentado no era suficiente para salvar la situación.
Con mi teléfono encontré un hotel barato y al lado de la autopista principal, pero en el pueblo siguiente, que quedaba como a unos 50 minutos de adonde yo estaba. Nada, reservé cuarto ahí; terminé mi comida, fui a tanquear el carro, y arranqué para el hotel.
Ese es el final de la historia de mi sexta llegada a la cima de esta montaña, pero he de agregar esto:
En el libro de registro de la cima, puse lo acostumbrado, mi nombre y la fecha, pero también es costumbre uno escribir un breve mensaje. El mío esta vez fueron dos líneas:
“6ª o 7ª cima. Te amo, Shasta, pero esto es ya todo para mí”.

Amo todas mis experiencias en esta montaña, pero no tengo más espacios dentro de mí que necesite llenarlos regresando allí.