Lo de derretir nieve es una cuestión de conveniencia, en cuanto al peso del morral se refiere. Un esfuerzo físico de estos requiere que uno esté hidratado todo el tiempo. Eso no significa que uno tenga que estar tomando agua a toda hora, pero si hay cálculos que dicen que al menos un litro por día. En mi experiencia, esa vaina termina siendo un poquito más. Yo arranco del parqueadero con 3 botellas de ¾ de litro de agua (o de Gatorade). Siempre sé que con esa cantidad, termino en la carpa con una botellita sin usar. Para el otro día que ataco la cima, la necesidad de agua es mayor; pero no cuadra arrancar desde el carro con toda el agua necesaria para toda la excursión, porque el peso seria prohibitivo. De ahí que es muy aconsejable subir simplemente con el equipo necesario para poder derretir nieve donde uno va a dormir. Es lo que siempre he hecho, y esta vez no fue la excepción.
Lo que me había pasado con uno de los fogoncitos que tengo dos semanas atrás, me había hecho invertir un poquito de plata comprando otro, cuya mayor ventaja es su peso: es super liviano. Otra ventaja que tiene es que es diseñado para producir calor más intenso, básicamente con la misma llama. Esto lo pude comprobar de primera mano, pues la vaina derritió nieve muchísimo más rápido de lo que lo había hecho antes con mis otros fogones.
Listo el relleno de las botellas vacías con el agua de la nieve recién derretida.
La señal de celular era bastante pobre en el sitio especifico donde armé mi carpa. Para tener señal suficiente para llamar a mi casa, tenía que caminar un poquito a una parte que era como un muro contra el que había armado mi carpa. Subí una vez a ese sitio a llamar a mi casa y dar parte de que todo iba bien.
Volví a mi carpa, y era muy temprano. Yo siempre he tenido curiosidad en cuanto al uso de las plataformas para la nieve en la sección que seguía de ahí para arriba, que es la más, más complicada de todas. Es una falda que, a pesar de que uno no necesita subir usando manos y pies, es tan inclinada que de poderse, se sube un poquito mejor en zigzag. De eso hablo ahorita. La dificultad de esa sección es lo que me hacía cuestionar porqué la gente no la subía con las plataformas. Se me hacía que con esas vainas esa subida seria menos difícil.
Eran como las 4 de la tarde. Decidí ponerme las plataformas y subir un poquito, solamente para ensayar a ver.
Caminé unos 600 metros (según el GPS de mi reloj), y fue suficiente para entender por qué la gente no sube esa sección con las plataformas: El agarre no es óptimo; hay secciones en que las plataformas no hacen realmente nada, y además, hay que cargarlas para el descenso. Me devolví para mi carpa con mi curiosidad saciada.
Una persona había llegado al sitio donde yo estaba acampando. Lo saludé y me dijo que era una persona que hacia el deporte de ‘snowboard’, y que su intención era subir hasta cierto punto para hacer lo de él desde ese sitio, pero que también quería intentar llegar a la cima. Lo único era que no planeaba comenzar tan temprano como yo. Igual, el haber llegado esa persona a ese sitio le dio luz verde a mi excursión. La última vez yo había abortado por verme solo en esa ruta. Esta vez habría alguien en un sitio donde podría verme o escuchar mi pito (siempre llevo uno conmigo, por si las moscas), en caso de que yo tuviera que usarlo.

A la carpa a preparar mi comida. Para ahorrar peso, uno lleva un tipo de comida que es ‘deshidratada’, que solo requiere que uno le agregue agua hirviendo, espere unos minutos, y eso es todo. El problema más grande con este tipo de comida es su sabor. La gran mayoría de las que yo he probado no saben muy bueno que digamos, la consistencia es ‘aquí y allá’; de todos modos, uno lleva esas cosas porque no pesan casi nada, y uno de los enfoques principales para paseos como este es el tratar de llevar el menor peso posible a cuestas.
Pues la historia sigue siendo buena porque la comida que llevé, a pesar de no conocer la marca, me pareció excelente. Nunca me había comido yo nada ‘deshidratado’ que me supiera tan bueno. Lo que llevé fue un sobre de “espaguetis con carne molida”.
Ya comí, ya derretí la nieve. Ahora a preparar el equipo para la madrugada, y después a tratar de conciliar el sueño. Eran como las 6 de la tarde.
Lo primero que hice fue instalar los crampones en mis botas. Después preparé el morral pequeño en el que llevaría el agua en la madrugada. Luego me puse mi ropa térmica, que son unos pantalones y una camisa tipo buso de manga larga, que hasta para dormir habría de usar, pues la temperatura estaba supuesta a bajar a unos 5 grados Fahrenheit, que son menos 15 Centígrados. La menor temperatura que yo he experimentado en esta montaña es de -5 F, que son menos 21 Centígrados.

Oí que otras personas llegaron donde el otro señor. Hablaban con acentos como si fueran rusos, o de algún lado de Europa Oriental. Lo único relevante para esta historia es que no estaba sólo como la última vez.
No fue realmente complicado conciliar el sueño; lo que sí, es que me dio mucho frío. Paulatinamente terminé con mis termales, pantalón, camisa, chaqueta, DOS pares de medias, y un capuchón de lana en mi cabeza.
Toda esta ropa me protegió muy bien contra el frio, y no me puso a sudar.
Dentro del sleeping puse las 3 botellitas con agua. La última vez, una que había dejado afuera había amanecido un poco congelada. También puse dentro de mi sleeping lo que fuera de tela que usaría al otro día (pañoletas y guantes), el celular, mis audífonos, las pilas.
Había puesto mi despertador a las 2 de la mañana. Cuando sonó, puse 15 minutos más. A esa hora sí me desperté y me dispuse a preparar todo para arrancar. Metí dos botellas de agua en mi morral, y dejé la tercera en la carpa para el regreso hasta el carro. 25 minutos más tarde estaba fuera de mi carpa, ya listo para comenzar. En la carpa de al lado habían dos personas como en preparaciones, un hombre y una mujer. Los saludé y les pregunté si iban a atacar la cima y me contestó el muchacho que sí, que esa era su intención.
Eso me puso más contento, pues no solo habría alguien en la «base», sino que tendría dos personas muy cerca.
Comencé mi ataque a las 2:50 de la mañana, lo más temprano que lo he hecho.
La noche estaba oscura, no había luna; lo que si había eran exactamente doce millones cuatrocientos setenta y cinco mil estrellas en una de esas noches mágicas y maravillosas que solo se viven en montañas como esta.