Nuestro Viaje a Colombia (1)

Cartagena

Este viaje fue muy especial porque las parejas de mis hijos fueron con nosotros, y fue su primera vez en mi país.

Cuando vi que el viaje se acercaba y no veía yo un plan claro para lo que íbamos a hacer día a día, Le dije a Sammy que deberíamos de hacer un plan general, más que todo para que aprovecháramos el tiempo en Colombia.

El viaje estaba dividido en dos partes: 5 días en Cartagena y 11 en Pereira.

Yo no tenía casi nada que aportar para nuestro plan el tiempo que íbamos a estar en Cartagena porque nunca había estado en esa ciudad, y pues no sabía nada de nada de qué cosas hacer. Coincidencialmente, en una revista de campamentos a la que subscribo, había leído un muy breve artículo, donde hablaban de una islita muy cerca a Cartagena, Tierra Bomba.

Sammy acogió de inmediato mi sugerencia, y uno de los días que estuvimos en Cartagena rentamos un bote y nos fuimos con todo el grupo para Tierra Bomba.

A Cartagena llegamos el 28 de diciembre, El 29 llegó el resto de la familia de Sammy, e hicimos turismo por la zona de la Ciudad Amurallada. Esa noche Sammy se pudo dar el gusto de tomarse unas fotos con toda su familia, que no había tenido la oportunidad de hacerlas antes. Es que estaba su mamá, sus dos hermanas, todos sus sobrinos y además sus propios hijos. Fueron unos momentos más allá de bonitos.

El 30 hicimos el paseo a Tierra Bomba, pero no fue para nada como lo había leído en la revista. Nada del asunto de caminar por trochas bonitas, de ver construcciones coloniales o playas vírgenes pasó. Terminamos parando en varias islitas donde nos bajábamos del bote, pero todas lo que tenían era opciones para comer o tomarse uno algo, y pues en todas querían que hiciéramos eso. Terminó siendo un paseo más que todo comercial, en cuanto a que adonde llegábamos ellos querían obviamente que nos bajáramos y les hiciéramos el gasto.

En una de esas paradas comimos pescado como a 70 mil pesos el plato, pero nos mataron con unos cocteles que nos los cobraron a 95000 pesos.

Igual fue mucho lo que disfrutamos el transporte en el bote, sobre todo lo noté en JD y Destiny, las 2 personas que no habían ido nunca a Colombia.

El resto del tiempo en Cartagena me dejó pensando que cuando vuelva a esa ciudad, no me he de hospedar en la zona de Bocagrande, que es quizás la de mayor confluencia de turistas.

Lo que pasa, o al menos me pasó a mí, es la realidad del rebusque en Colombia. Eso, para los que no conozcan la expresión, es como se describe la búsqueda del sostenimiento diario por parte de las personas. En cierto modo es trabajo informal, aunque se me hace a mí que varias de las personas de las que me quejo, estaban desarrollando su día normal de trabajo.

El asunto es aquí así: En esa zona de Cartagena, en Bocagrande, cada que uno sale del hotel es abordado por varias personas ofreciéndole a uno vainas de turismo: El tour, la chiva rumbera, el viaje a las islas, el “mejor restaurante”. Lo maluco es la cantidad de personas haciendo esas ofertas, y lo insistentes que son. Llegué a pensar que sería bueno tener colgado un aviso que dijera algo así como “No Necesito Nada”.

Otra cosa muy maluca de Cartagena son los taxistas en general. No es simple encontrar un taxista honesto, que le cobre a uno lo que realmente vale la carrera. Cuando se dan cuenta que uno no es de ahí, pare de contar.

Tampoco fue para nada bueno los muchachos que se ganan la vida cantando rap en la Ciudad Amurallada. Esos pelados rayan en el acoso, en cuanto a la forma en que persiguen a quienes van en carritos jalados por caballos, y también a turistas que van caminando. En cierto momento me tocó caminar al lado del novio de mi hija, que es un gringo total, para que esos manes no lo acosaran.

En fin, lo que me da es tristeza de que Cartagena, que se supone que es una de las ciudades más lindas e históricas de mi país, maneje tan mal esto.

Pero bueno, en general pasamos muy bueno en Cartagena, a pesar de esas observaciones que acabo de hacer. Como si fuera poco, topamos con unos muy buenos amigos que viven en Montreal, con quienes compartimos muchos momentos muy chéveres en Cartagena.

El año nuevo lo recibimos en el hotel en Cartagena. Terminó siendo una idea muy buena haberlo hecho ahí, pues por un lado nuestros cuartos estaban ahí mismo, y por el otro nosotros hicimos la fiesta exactamente para nuestro grupo. Lo que pasó fue que nos quedamos en nuestro hotel, donde teníamos cena, y después de la cena nos dejaron conectar a la amplificación que el hotel tenía en el patio donde estábamos, y nosotros mismos pusimos la música.

Resultamos haciendo rumba hasta que terminamos con el trago que teníamos, que fue pasadas las 4 de la mañana. 2 o 3 mesas se nos unieron, entre ellas una de un brasilero con su señora.

El primero de enero hicimos algo que fue un verdadero privilegio: Un tour privado en el barco más importante de la armada de Colombia, el Buque Gloria.

Yo había estado en ese barco un par de veces en mi vida, en los Estados Unidos, pero como cualquier otra persona del público. Sucede que mi concuñado Juan Carlos es quizás la persona que más conoce de aves en el eje cafetero. Ha escrito libros sobre el tema y lidera el asunto de la preservación de las aves y sus hábitats en nuestro país, y además ha asesorado a un sinnúmero de extranjeros a quienes también les interesa el tema. Por cosas de la vida, terminó exponiendo sus fotos precisamente en ese buque. Hizo un par de llamadas, y logró que nos hicieran un tour muy personalizado en ese barco. O sea, es que hasta marineros de ese barco nos hicieron café!!! Nos pasaron por zonas del buque que no están abiertas al público cuando el buque zarpa en distintos puertos y abren sus puertas a visitantes.

Para mí, esto fue lo de mayor significancia en esta etapa del viaje.

Estatua del papá de Colombia en la Ciudad Amurallada
Iglesia de San Pedro Claver
Cartagena, en el fondo
Primer encuentro de las hermanitas