El sábado me desperté muy temprano, y Alexa ya hacía rato que estaba abajo en el restaurante. Luego de desayunar fuimos a la recepción para que nos indicaran la mejor manera de ir a las pirámides de Teotihuacán, que queríamos conocer. Con las sugerencias que nos dieron tuvimos una experiencia más, que fue la de viajar en bus público, tipo Bolivariano en Colombia, hasta donde estaban las pirámides.
Encontré bastante simpático que en una de las paradas del autobús se subió un hombre con una guitarra; se ubicó en la parte de atrás del vehículo, y cantó como por 20 minutos. No recuerdo exactamente cuándo fue la ultima vez que oí a un guitarrista cantando en un bus en Colombia.
Llegamos a las pirámides e inmediatamente nos inundo la majestuosidad de la pirámide central, la del sol. Son dos pirámides principales, la del sol y la de la luna, y una que en cierto modo se podría llamar la “menor”, que es la del Templo de Quetzalcóatl.

La zona de las pirámides es de esta forma: Es una calle de 2 kilómetros (la Calle de los Muertos), con la pirámide de la Luna en el norte, la del Sol en el centro, y el Templo de Quetzalcóatl en el extremo sur.

La Calle de los Muertos está enmarcada por vendedores de recuerdos de las pirámides. Uno de estos recuerdos era la causa de ese sonido incesante de jaguares rugiendo y quetzales silbando que oíamos desde que nos bajamos del bus. Eran unos silbatos como los que usaban las tribus de esta zona en su momento, para espantar o llamar animales, y todos los puestos de venta en las pirámides tenían de estos recuerdos.

Hoy en día no se puede subir ninguna de las pirámides principales, pero la majestuosidad del sitio no se pierde por este motivo. Además, si se puede subir uno de los monumentos que hay al frente del Templo de Quetzalcóatl, y es algo que hay que hacer con mucha precaución, pues es claro que hay que dar los pasos con cuidado y con suma claridad, de lo contrario una caída tendría serias consecuencias.

Terminamos nuestra visita a las pirámides de Teotihuacán y nos regresamos a Ciudad de México, donde pasamos por el Palacio de Bellas Artes, donde pudimos ver a varias personas que parecían de farándula, y otras personas con cámaras y equipos de televisión. Le pregunté a alguien que estaba en uno de los sitios de acceso que qué estaba pasando, y me dijo que era un homenaje que le iban a hacer a Roberto Cantoral, el papá de Itati.

Seguidamente nos dirigimos a otro de los sitios sugeridos por Mauricio, que era un restaurante en el edificio Torre Latinoamericana, el Miralto.

Este restaurante es literalmente, un mirador donde se puede ordenar comida. Terminamos pidiendo un par de sopas con sendos aperitivos, Alexandra y yo, y mi sopa fue algo sorprendentemente sabroso. Fue una de las especialidades de ese sitio, que se llama Sopa Azteca. Alcanzo sólo a describir que era una sopa roja con aguacate, queso y otros dos o tres ingredientes, con un sabor de ensueño.
Yo pedí una cerveza artesanal que me decepcionó y me hizo recordar lo mal acostumbrado que lo pone a uno vivir en un sitio donde lo que le gusta a uno es parte de la cultura. La cerveza que pedí decía en el menú que era una IPA. Me sorprendió primero su bajo contenido de alcohol. A mi entender, las IPAs mas suaves deben de tener al menos 5.5% de alcohol. Esta tenía 4.6. No era que yo estuviera buscando emborracharme, sino que esta cerveza tenía además una carbonización muy extraña, casi que como la de una gaseosa.
La segunda cerveza que pedí sí me supo bueno. Fue otra artesanal, pero no IPA sino una simple ALE. Esta ALE tenía 5.6% de alcohol, lo que me hizo pensar que sí, que hay algo incorrecto en la forma en que esa cervecería prepara la IPA.
Terminado nuestro almuerzo-cena en este sitio, salimos caminando con destino al hostal. Fueron unas 8 cuadras que caminamos, culminando con una exposición que había justo en el parque al frente del hostal. Era como una especie de festival del estado de Yucatán. Entramos, y eran un montón de puestos de artesanías, ropa, artículos, todos producidos en Yucatán.
En este sitio compramos unas cositas; yo, para mi esposa y mi madre, a quienes vería al otro día que iba a ser el día de la Madre, y Alexa para ella misma, y también le compró un detalle a Sammy.
El hostal donde estábamos hospedados tenía un bar en su azotea llamado ‘La Terraza’. Esa noche fuimos un rato, y desde ahí la vista a la catedral de México es bastante bonita:

